La luz del amanecer no alcanzaba la cámara del núcleo. Aquí, en las profundidades de Valdoria, el tiempo se había convertido en una abstracción, una sugerencia más que una certeza. Las paredes de cristal pulsaban con ritmos que no correspondían a ningún latido humano, proyectando sombras que se movían independientemente de sus fuentes.Aria permanecía de pie frente al núcleo central, consciente del peso de las miradas que convergían sobre ella. Cassian a su derecha, con la mano descansando sobre la empuñadura de su espada en un gesto que había visto mil veces, ese reflejo automático de un guerrero que nunca bajaba completamente la guardia. Kieran a su izquierda, inmóvil como una estatua de mármol, pero con los ojos dorados brillando con una intensidad que hablaba de la bestia que acechaba bajo la superficie humana.Y Nyx, varios pasos atrás, con los brazos cruzados y una expresión que oscilaba entre el desdén y la fascinación malsana. La ex amante de Cassian había insi
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