La luz del amanecer apenas tocaba las torres de Valdoria cuando el grito atravesó las piedras del palacio. No era un grito de dolor físico, sino algo más profundo, más primitivo. El sonido de un alma quebrándose bajo el peso de una elección imposible.Aria corrió por los pasillos de mármol con el corazón martilleando contra sus costillas. Las visiones del cristal aún pulsaban en su mente, fragmentos de futuros posibles que se entrelazaban como serpientes. En uno, Lila caía con la garganta abierta. En otro, reinos enteros se convertían en cenizas. En todos, ella elegía.La Torre Norte se alzaba contra el cielo rosado como un dedo acusador. Aria subió los escalones de dos en dos, con los pulmones ardiendo y el cristal bajo su piel vibrando con advertencias cada vez más urgentes. Detrás de ella, los pasos de Cassian resonaban en las piedras, pero él no po
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