Hay dioses, hay creadores de dioses, y luego está aquello que creó el concepto mismo de creación.El cielo no se abrió. No se rasgó como tela o se partió como cristal. Simplemente dejó de existir en un área del tamaño de una ciudad, reemplazado por algo que los ojos mortales no podían procesar completamente. Aria sintió que su mente intentaba darle forma, estructura, significado a lo que veía, pero cada intento fallaba como agua escurriéndose entre dedos.Más allá del agujero en la realidad no había oscuridad ni luz. Había algo anterior a ambos conceptos. Un vacío que no era vacío porque el vacío implica ausencia, y esto era presencia absoluta de algo tan fundamental que la existencia misma parecía una nota al pie en comparación.Entonces la voz llegó. No a través del aire, no a través del
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