Hay cosas más antiguas que reinos, más hambrientas que imperios, y más pacientes que la muerte misma.La primera señal de su llegada no fue visual ni auditiva. Fue olfativa: el aire de Valdoria comenzó a oler a ozono quemado y algo orgánico, como si el espacio mismo estuviera sudando. Los sensores dimensionales enloquecieron tres minutos antes de que las estructuras aparecieran, emitiendo lecturas que contradecían todas las leyes conocidas de física.Aria estaba en el balcón del palacio, sosteniendo a Serenidad contra su pecho, cuando el cielo se rasgó. No fue un portal limpio como los que usaban las naves imperiales. Fue como ver tejido de realidad desgarrarse desde dentro, revelando algo que no debería existir en este plano dimensional.Las estructuras que emergieron desafiaban toda clasificación. Eran naves, pero también organismos vivos. Cascos que pulsaban con ritmo c
Leer más