DARIUSDe repente, giró la cabeza y nos miramos tan cerca que temí que estuviéramos dejando ver más de lo que debíamos.Pero no me importaba, porque al día siguiente les diría a todos que aquel hombre era mío.—Darius...—No te obligaré a hacer nada que no quieras... jamás. —Me incliné un poco más y le hablé al oído, solo para él, mientras la música retumbaba a nuestro alrededor, caótica y pesada, devorándolo todo.—Tú siempre tienes el control, Will. Si lo único que quieres es hablar, entonces eso haremos.Lo prometí con palabras, aunque mis acciones me contradecían por completo.William aceptó, y me encantaba que, a pesar de ser tan desinhibido con las cosas normales, cuando se trataba de ese tipo de intimidad se volviera tan jodidamente hermoso... incluso tímido algunas veces.La chica, por supuesto, se ganó con creces el dinero que le estaba pagando.A través de los pasillos y el gran salón sin techo de aquel castillo sombrío, nos condujo entre las sombras y junto a gemidos oculto
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