DARIUS
De repente, giró la cabeza y nos miramos tan cerca que temí que estuviéramos dejando ver más de lo que debíamos.
Pero no me importaba, porque al día siguiente les diría a todos que aquel hombre era mío.
—Darius...
—No te obligaré a hacer nada que no quieras... jamás. —Me incliné un poco más y le hablé al oído, solo para él, mientras la música retumbaba a nuestro alrededor, caótica y pesada, devorándolo todo.
—Tú siempre tienes el control, Will. Si lo único que quieres es hablar, entonces