El salón de eventos del Hotel Imperial estaba abarrotado. Periodistas de todos los medios importantes ocupaban cada silla, cada rincón, cada espacio disponible. Las cámaras apuntaban al estrado vacío como si fueran armas listas para disparar. El murmullo de las conversaciones era un rumor constante, una marea de especulaciones, dudas y expectativas.En la primera fila, los representantes de los canales de televisión más importantes ajustaban sus micrófonos. Detrás, los periodistas de prensa escrita tomaban notas nerviosamente. Al fondo, los fotógrafos hacían sus últimas comprobaciones técnicas. El mundo de los negocios, la opinión pública, los inversores, todos tenían los ojos puestos en ese estrado vacío.Y en una sala privada, en la parte trasera del hotel, Luciano Del Valle se ajustaba el nudo de la corbata por décima vez en los últimos diez minutos.—Tranquilo —dijo Bianca, colocando sus manos sobre las de él—. Vas a romper la corbata.Él soltó una risa nerviosa.—Lo siento. Es qu
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