Analía extendió su mano en mi dirección; ella lloraba mientras pedía que la detuviera y que no permitiera que estas personas se la llevaran. Intenté alcanzarla y, cuando me tropecé con una piedra, fui sostenida por Aleksander que se apresuró.—Ten calma, no puedes actuar de manera imprudente, recuerda que te encuentras embarazada y que te quieres enfrentar a una entidad gubernamental.—¿Y qué esperas que haga? ¿Que me quede de brazos cruzados viendo cómo se llevan a las niñas? No, no puede ser así. Entiende que no puedo dejarlas ir; fallaría a la promesa que le hice a Antonia.—No te preocupes, te recuerdo que tienes un esposo en el cual te vas a apoyar. Claro que vamos a recuperar a las niñas, pero debemos ser inteligentes y no caer en la desesperación o algo por el estilo.—Está bien, entonces espero que sepas lo que haces. —Me separé de Aleksander y miré a Analía. —No te preocupes, mi niña, en serio que voy a ir por ti y te traeré de regreso.El llanto de Analía fue algo que me romp
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