**ARIA —S**Leo dormía en su pequeña cama al otro lado de la habitación. Su respiración era constante y suave, el único sonido que rompía el silencio de la cabaña. La noche nos envolvía como una manta, espesa y oscura, pero yo no conseguía tranquilizarme.Me movía por la habitación, intentando mantenerme ocupada. Doble la manta de Leo dos veces, alisándola aunque no lo necesitaba. Metí los bordes bajo el colchón, luego los saqué y la doblé de nuevo. Después me acerqué a la ventana y ajusté la cortina, tirando un poco más para bloquear la luz de la luna que se filtraba a través de la tela fina.Mantuve la espalda girada hacia Valente todo el tiempo. Podía sentir sus ojos sobre mí, observándome desde donde estaba sentado en el borde de nuestra cama. No se había movido desde que acostamos a Leo. Solo estaba allí sentado, esperando.Mis manos temblaban un poco. Estaba nerviosa. Hacía tanto tiempo que no estábamos así, solo nosotros dos, con tiempo para respirar. Sin huir. Sin escondernos.
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