«—Por favor no me sueltes» Escuchar el tono de voz en que lo pide hace estremecer cada parte de mi ser. Es entonces que caigo en cuenta de que se encuentra en problemas y pide mi ayuda con desesperación. Quería volver a coincidir con ella, pero no de este modo, pero si el destino quiere que sea de esta manera, ¿Quién soy yo para negarme? —Tranquila, todo va a estar bien. —la aferro más a mi cuerpo. Asiente con leve movimiento de cabeza, espero a que pase quien la está persiguiendo para salir del lugar, pero antes de hacerlo recuerdo que no vengo solo, no puedo dejar a mi madre. Dos hombres pasan por nuestro lado sin percatarse de ella y aprovecho la oportunidad para salir como alma que lleva el diablo del lugar. No me di cuenta en qué momento nuestras manos se entrelazaron, pero debo admitir que su contacto me agrada. Caminamos con pasos apresurados y al llegar a la mesa donde se encuentra mi madre, esta me mira sorprendida al notar que tengo compañía. —Luego te explico, pero
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