El estado no se quebró al avanzar el día; se volvió más silencioso, más interior, como si la realidad misma hubiera decidido dejar de imponerse para permitir que lo esencial permaneciera sin interferencias. La luz cambió en la habitación, desplazándose lentamente sobre las paredes, pero ese movimiento ya no tenía la capacidad de alterar nada dentro de Erika. Era solo un fenómeno externo, una variación sin peso.Ella permanecía de pie, aunque en algún momento dejó de ser relevante si estaba de pie o sentada, si respiraba más profundo o más lento. Todo eso ocurría, sí, pero ya no definía su estado. Su eje no dependía de ninguna de esas cosas.Damián tampoco se había movido.No por cautela.No por cálculo.Sino porque entendía, aunque no lo formulara en palabras, que cualquier movimiento innecesario rompería algo que no debía ser tocado.El silencio entre ellos no era una pausa.Era un lenguaje.Uno que ninguno de los dos había aprendido antes, pero que ahora ambos comprendían sin necesi
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