98. SEDUCE CON FLORES, LIBERA CON FUEGO, ELIGE CON MIEDO.
LIAM—¿Acaso sería tan terrible para ti estar conmigo?La pregunta queda suspendida entre nosotros como una hoja a punto de caer.El jardín ha ido quedándose atrás sin que lo notara. Las voces, la música, las risas diplomáticas, todo se diluyó como tinta en agua. Solo quedan árboles altos, lámparas lejanas y el murmullo del viento jugando con las hojas.Demasiado silencio. Demasiada intimidad.—No es eso —respondo, y mi voz suena más firme de lo que me siento—. No eres tú.Qué frase tan torpe. Tan cobarde.Una parte de mí lo sabe. Otra parte, la más traicionera, observa cómo la luz de la luna se posa sobre su piel pálida, cómo el vestido claro se adhiere a su figura, cómo su cabello dorado parece una cascada líquida.Con ella podría tener paz. Un reino fuerte. Una alianza imposible de romper. Todo. Todo lo que un príncipe debería desear.Entonces, ¿por qué siento que me estoy partiendo en dos?—Empiezo a creer que me gustas —murmuro, más para mí que para ella—. Y eso me confund
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