Capítulo 74. El secuestro digital.
El sol de la Toscana no caía, se derramaba. Era una luz espesa, dorada y perezosa que bañaba las colinas ondulantes de Val d'Orcia, convirtiendo los viñedos en filas infinitas de verde y los cipreses en agujas oscuras que cosían la tierra con el cielo.Un coche descapotable de época, un Alfa Romeo Spider rojo, alquilado por insistencia de Silas, que tenía debilidad por la ingeniería clásica, subía por el camino de grava levantando una nube de polvo fino. Al volante, Silas Hawk conducía con una mano, llevando gafas de sol de aviador y una camisa de lino blanca remangada. A su lado, Eris O'Neil, ahora Eris Hawk, aunque todavía se reía cada vez que veía el nombre en su pasaporte, llevaba un pañuelo de seda en la cabeza para protegerse del viento y una sonrisa que competía con el sol.—Es aquí —anunció Silas, frenando frente a una verja de hierro forjado oxidado que tenía más encanto que seguridad.La villa Il Riposo no era un hotel de cinco estrellas con botones y servicio de habitacion
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