Cuando el celebrante se apartó y el beso terminó, la cubierta estalló en una ovación de aplausos.Y entonces, como si el barco hubiera guardado una última sorpresa, comenzó a caer desde arriba una suave lluvia de pétalos de rosa.Rosas color té, blancas y rosadas, lanzadas por los invitados con una euforia casi infantil.Francine rió al sentir los pétalos tocar sus hombros y su cabello, el velo mezclándose con las flores.Dorian tomó su mano y la guió por el pasillo central, mientras los dos caminaban entre amigos, familiares y algunas figuras demasiado importantes para ser nombradas, pero que, en ese momento, eran simplemente parte de un público completamente derretido.A cada paso, los pétalos volaban, los flashes se encendían, y la expresión en el rostro de Dorian era una mezcla de orgullo, fascinación y esa admiración silenciosa que parecía crecer cada vez que ella estaba a su lado.—No puedo creer que todo esto sea por nosotros —murmuró Francine, apretando su mano.—Es poco —resp
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