En mi primer año de secundaria era la típica ñoña del salón. Solía llevar el pelo trenzado, largas faldas o anchos pantalones y enormes gafas, nunca fui del tipo de niñas que se preocupara por su apariencia, más bien me consideraba alguien curiosa que saciaba su sed de conocimiento a través de los libros – Vivir en una biblioteca, ese era mi sueño – Jamás me fijaba en las burlas de las personas que se hacían llamar mis compañeros, por no ser tan "delicada", tampoco hacía caso a mi mejor amiga, quien desde muy joven era considerada la más popular y hermosa de la escuela, cuando intentaba a veces de manera demasiado insistente hacerme cambiar de forma de vestir. Yo solo era yo y eso me hacía feliz. O al menos fue así hasta el día en que mis compañeras decidieron hacer un certamen de belleza ficticio en el que se encontraban todas y cada una de las chicas del salón. No me sorprendió ver qué la primera en la lista, puesta como ganadora era Claudia, lo que si me sorprendió fue notar que
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