Y Valentina ya había llegado al suyo.“Sí, hija…”, susurró finalmente Doña, con una voz cansada pero sincera. “Gracias.”“Perdóname, mamá”, dijo Valentina en voz baja, suave pero llena de determinación. “Para Valentina, mamá y papá ya son como sus propios padres. Ustedes aman a Valentina, la respetan… y Valentina también les ha correspondido con todo su corazón. Pero… eso no basta para seguir permaneciendo en esta relación, ¿verdad?”Doña permaneció callada unos segundos antes de asentir lentamente. Levantó la mano y acomodó un mechón del cabello de Valentina con una caricia llena de ternura, como si intentara conservar el último calor que quedaba entre ellas.“Esta vez mamá lo acepta”, murmuró, aunque el temblor de su voz no logr&
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