Capítulo 120

Mientras tanto, Alejandro permaneció inmóvil junto a la cama. Su mirada cayó sobre el rostro pálido de su madre y luego sobre la mano que antes había sostenido Valentina. La culpa le oprimía el pecho cada vez con más fuerza, más profunda, más insoportable. Arrastró la silla que Valentina acababa de dejar vacía, se sentó allí y tomó la mano de Doña con delicadeza. Besó lentamente el

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