*—Dante:Después del almuerzo, se dirigieron hacia el spa, pero en el camino Ezra se antojó de un helado de fresa, y por supuesto, hubo que hacer una parada. Dante lo observó mientras lo disfrutaba con una concentración casi indecente, los labios rozando la crema fría, la lengua atrapando lo que se derretía y su mente, traicionera, decidió llevar esa imagen a otro lugar. Sintió cómo su cuerpo reaccionaba de inmediato, tensándose dentro de sus pantalones, y tuvo que apartar la mirada, carraspear y literalmente distraerse pensando en cualquier cosa absurda para no perder la compostura por culpa de algo tan simple como un helado.Sin embargo, era difícil, amaba cuando Ezra le hacía sexo oral y lo llevaba al cielo. Esa inocencia suya era la que lo volvía loco. En el spa fueron atendidos por betas, profesionales, aunque no precisamente discretos. Las miradas no tardaron en posarse en ellos, pero sobre todo en Ezra. Dante lo sabía, era consciente de lo que tenía a su lado, él mismo lo cons
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