ElizabethPoco a poco, Elizabeth intentaba abrir los ojos, y la conciencia regresaba como una niebla.Un pinchazo agudo en el tobillo. Después, una presión sorda en la cabeza, palpitante, pulsando como un tambor amortiguado dentro del cráneo.Elizabeth gimió en voz baja, los ojos aún cerrados. La lluvia fría golpeaba su rostro, mezclándose con la sangre que corría por su frente. Todo su cuerpo dolía, pero era el frío lo que más la castigaba, como si penetrara hasta los huesos.Con dificultad, abrió los ojos. Todo giraba.Por un momento, no sabía dónde estaba. Sobre ella, solo oscuridad, las ramas retorcidas de los árboles, y el sonido de la lluvia martillando el bosque alrededor. El suelo bajo su cuerpo era duro, mojado, y hojas se adherían a su piel, a su cabello, a su rostro.Intentó mover la pierna, pero el tobillo protestó con un dolor cortante. Soltó un gemido débil, desesperado.—Ah… —jadeó, intentando contener el llanto—. No… no… oh Dios, ayúdame…Quiso levantarse, pero su cuerp
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