El ambiente era íntimo: pocas mesas, velas sobre manteles de lino, un leve murmullo de conversaciones y el tintinear distante de cubiertos. La mayoría de los clientes había reservado con meses de antelación, pero para John, aquel espacio estaba siempre disponible.No tardó en regresar el camarero, colocando la copa frente a él. John la tomó, girando el líquido oscuro, observando cómo reflejaba la luz de las velas antes de dar el primer sorbo. El vino bajó suave, pero ardió ligeramente, calentándole el pecho.La comida llegó poco después, y él comió despacio, sin prisas, alternando los cubiertos y la copa. Sin embargo, cuando se dio cuenta, la primera botella ya estaba vacía. Alzó la mirada y llamó al camarero con un simple gesto de la mano.—Traiga otra —ordenó, la voz aún tranquila, pero cargada de algo denso.Maxime, que observaba desde lejos, frunció el ceño. Por lo general, John se limitaba a dos copas. Aquella noche era una excepción evidente, pero decidió no preguntar. Simplement
Leer más