Sus dedos se deslizan lentamente por mi brazo, dejando una estela que me eriza la piel.Volvemos al interior. El recorrido continúa por un pasillo largo con cuadros abstractos en las paredes. Me habla de viajes, de decisiones, de momentos en los que estuvo a punto de vender la casa y no lo hizo.Cada recuerdo que comparte me hace sentir más dentro.Más cerca.Finalmente, se detiene frente a una puerta doble al final del pasillo.Me mira antes de abrirla.Hay algo distinto en su expresión ahora. No es solo deseo. Es una especie de vulnerabilidad contenida.Abre la puerta.—Y este es mi cuarto.El espacio es amplio, elegante, con ventanales que también dan al jardín. La cama ocupa el centro, impecable, con sábanas claras que contrastan con la madera oscura del mobiliario. Hay una armonía en todo.Entro despacio.Siento el peso del momento.No me resulta extraño. No del todo.La primera vez que crucé este umbral fue aquella noche en l
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