Me obligo a dejar de pensar.A Daniel.A Erik.A lo que siento.A lo que no quiero sentir.Abro el archivo del proyecto Atlas y me concentro en los números, en las gráficas, en las proyecciones. En lo tangible. En lo que no late.Es más fácil ordenar datos que emociones.La oficina está más silenciosa que de costumbre. Es hora de comida. Escucho risas lejanas en el pasillo, el sonido del elevador.Yo no fui a comer.Preferí quedarme.Si me quedaba quieta demasiado tiempo, iba a empezar a cuestionarlo todo otra vez.Imprimo los informes. El sonido de la impresora rompiendo el silencio me ancla. Las hojas salen una por una, calientes todavía cuando las recojo.Proyecto Atlas.Todo en orden.Todo impecable.Como siempre.Y entonces, mientras acomodo las hojas dentro del sobre, recuerdo su voz.“Si no quieres estar en la oficina, no lo estés. Trabaja desde tu casa.”La propuesta.La puerta que dejó entreabierta.
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