La soledad no llegó de golpe, no fue un silencio abrupto ni una sensación de vacío inmediato.Se instaló de manera gradual, como una presencia discreta que ocupaba los espacios entre las cosas. Las rutinas continuaban: el trabajo, las reuniones, las conversaciones cortas con amigos, los mensajes que respondía por inercia.Sin embargo, algo había cambiado en la forma en que experimentaba esas actividades.No eran malas ni carentes de sentido. Simplemente se sentían distantes, como si participara en ellas desde detrás de un cristal.Valentina se sentó en el sofá con el café que Elena había traído horas antes.Ahora estaba frío, pero lo bebió igualmente. El sabor amargo no le resultó desagradable, de algún modo coincidía con su estado de ánimo.No era tristeza aguda, tampoco desesperación. Era una mezcla de cansancio y reflexión, una sensación de estar en transición sin saber exactamente hacia dónde.La interrupción de la ceremonia seguía presente en su memoria.No como una escena que se
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