El regreso de Alexander estableció una nueva normalidad. Una normalidad aún más fría y distante que la anterior. Ahora, el ático no solo estaba lleno de silencios, sino de una presencia física que se evitaba con precisión de relojería. Fue en esta quietud hostil donde Olivia puso en marcha la siguiente fase de su plan.Necesitaba una excusa. Algo creíble. Algo que encajara con la imagen de la Olivia Vance que él conocía: la profesional dedicada, la socia obsesionada con el trabajo.Una semana después de su regreso, durante uno de sus breves intercambios en la cocina, ella soltó la línea preparada.—Necesito más espacio para concentrarme —dijo, sin mirarlo, mientras llenaba su taza de té. —Los proyectos de expansión europea requieren mucha investigación. El ático tiene… muchas distracciones.Alexander, que revisaba su teléfono, alzó la vista. Su expresión era inescrutable.—¿Distracciones? —preguntó, su tono neutral.—Tu presencia, por ejemplo —pensó Olivia, pero dijo: —El flujo consta
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