Salimos y subí al auto, me mantuve en silencio durante todo el camino, inmersa en mis pensamientos que se arremolinaban en mi cabeza uno tras otro, dudas, posibilidades, teorías, sentimientos, emociones, heridas del pasado, todo me golpeó de una vez dejándome muda, sin embargo, podía notar que Aldo me miraba de reojo angustiado, tampoco dijo nada, pero su rostro tenso con la mandíbula apretada lo delataban, además estaba agarrando tan fuerte el volante que sus dedos se veían blancos, llegamos a casa del abuelo en tiempo récord y una vez que se estacionó no me sentí capaz de bajar, mis piernas no me respondían.-Podemos regresar si eso quieres- apretó mi mano -No- alcancé a decir sin voltear a mirarlo, tragué saliva -Solo necesito un par de minutos…- cerré los ojos y empecé a respirar, él no soltó mi mano, se sentía como un ancla -Vamos- le pedí después de calmarme y bajo a abrirme la puerta - ¡Por favor no me sueltes! – le supliqué y me aferré a su mano como si mi vida dependiera de e
Leer más