155. SIMPLEMENTE MAMÁ
Me he quedado sin habla, mirando a mi mamá hablarme así, tan dulcemente. Lloro entre los brazos de Robin, que no dice nada. Al fin, me tranquilizo. Nos sentamos delante de la pequeña computadora; Robin es el que comienza a buscar en ella.—Ema, tiene, de verdad, como dijo tu mamá, muchas orientaciones para ti. Mira este, dice cosas de mujeres —me señala un archivo—. No lo abriré, estoy seguro de que son cosas que debes ver tú sola.—Está bien, lo haré otro día —dije con un nudo en la garganta.—Ema, no lo vas a creer —odio esa frase, mi corazón da un vuelco.—¿Qué cosa, Robin? ¡No me asustes! Cada vez que dices esa frase, mi corazón salta aterrado. —Me alejo, sin querer saber nada.Robin gira y viene a mi lado riendo; me abraza pasando su mano por mi espalda. Mientras se disculpa, asegura que no se había dado cuenta de que siempre la decía.—No tienes que asustarte —se separa y me besa en los labios—. Es bueno lo que descubrí, te va a gustar mucho.—¡Acaba de decir qué cosa es, Robin!
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