524. AGARRANDO A DRACO
PEYTON:En la ciudad, las cosas son tensas. Varios autos se detienen en la pared blanca detrás del museo. Nos bajamos y nos dirigimos a ella. —¿Y dices que esta enorme pared se deslizó completa? ¿Estás seguro de eso? No veo una sola huella de lo que dices —dice Draco sin dejar de inspeccionar el lugar. —Le digo que lo vi con mis propios ojos, el capo mayor, el viejo Minetti, llegó con unos chicos en una rastra —le explico, molesto porque no me cree—. La pared se abrió y la rastra entró, luego el UNO salió, lo abrazó, se fue y la pared se cerró. —¿Viste desde dónde la cerró? —preguntó Draco. —¡No, jefe, me fui en cuanto vi salir a sus sabuesos detrás de él! —dije, mirando alrededor—. Esos al mando del tal Humberto son enormes y siempre andan con armas largas y esos aparatos de ver de noche. Me fui porque si me ven, no hago el cuento. Pero le digo que lo vi, lo vi. —¿Y cómo no hay ningún rastro de ruedas ni nada? —pregunta Draco de nuevo. Levanto los hombros, mirando el piso
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