509. UN ENCUENTRO INESPERADO
LUCILA:En la casa, me quedé mirando las pantallas de la entrada fijamente. En ellas veo reflejada una pareja de ancianos junto a una chica igual a mí, un poco más rellenita. Observo cómo mi tío Acher los abraza y los guía hasta la casa. Corro a la entrada justo a tiempo para ver cómo se bajan del coche.—¡Oh, Santa Madonna, madre de Dios! —exclama la señora, avanzando hasta donde estoy, asombrada—. ¡Eres el vivo retrato de tu madre! Cuando Axel me lo dijo, no lo podía creer; tuve que venir a verlo con mis propios ojos.Ella me estrecha en un abrazo, llenándome de besos, mientras las lágrimas ruedan por sus mejillas de emoción. El viejo también se acerca y me abraza emocionado. La chica a su lado, que parece tan alegre, es la que suelta un grito, corre hacia mí, me quita de la abuela, me levanta en peso y gira sin dejar de gritar feliz, hasta que me deposita en el suelo.—¡Se los decía y nadie me creía, Elsie, nadie me creía! ¡Siempre dije que yo te sentía viva, lo dije! —La miro sin
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