Hay rituales que salvan mundos—y todos requieren que alguien sangre.El amanecer del tercer día llegó con una claridad brutal. Sin nubes, sin niebla, sin nada que suavizara la luz dorada que se derramaba sobre la Montaña Primordial como un juicio. Vex observaba desde la base mientras más de cien testigos ascendían el sendero rocoso—líderes de manada, ancianos, guerreros que habían sobrevivido batallas imposibles. Todos venían a presenciar lo que podría ser su salvación o su condena final.Aldrin caminaba al frente, envuelto en túnicas ceremoniales tan blancas que lastimaban la vista. El niño—no, ya no es un niño—mantenía la cabeza alta, los hombros cuadrados, cada paso medido y deliberado. A su lado, Lyra se movía como una sombra protectora, su mano rozando ocasionalmente el brazo del muchacho en un gesto que pretendía ser reconfortant
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