Los matrimonios arreglados sacrifican corazones en altar de política—y algunas veces, los corazones se rebelan.La carta llegó al amanecer, sellada con la insignia del Norte: un lobo plateado sobre campo de hielo. Kieran la sostuvo con manos que temblaban imperceptiblemente, sus ojos recorriendo las líneas de tinta negra una, dos, tres veces, como si la repetición pudiera alterar las palabras.No puede ser real.Pero lo era. Cada letra formaba una sentencia: Isla Ashcroft, prometida al príncipe Torin del Este. Ceremonia en tres semanas. Alianza estratégica entre territorios. Beneficio mutuo para ambas manadas.Ninguna mención de amor. Ninguna consideración por lo que ella pudiera querer.El pergamino se arrugó bajo sus dedos.Marcus, que había traído la correspondencia, retrocedió instintivamente. Había visto esa expresión antes, en el ros
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