Las pesadillas de dioses no son sueños—son advertencias envueltas en inevitabilidad.Seraphine despertó por tercera noche consecutiva con el grito atrapado en su garganta, las sábanas empapadas de sudor frío adhiriéndose a su piel. La imagen persistía detrás de sus párpados: Ravens desplomándose en sus brazos, la garra atravesando su pecho exactamente donde el corazón latía, sus ojos grises perdiendo luz mientras la sangre—tanta sangre—se derramaba entre sus dedos inútiles.No, susurró Khaos en su mente, su voz inusualmente sobria. No fue sueño. Fue visión.—Cállate —murmuró Seraphine, presionando las palmas contra sus ojos.Pero sabía que Khaos tenía razón. Las visiones proféticas eran diferentes. Tenían peso, textura, el sabor metálico de la inevitabilidad. Y esta h
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