Naomi entró en el spa e, inevitablemente, su mirada fue directo hacia la pequeña sala de espera. Se sorprendió al no encontrar a Ethan en el lugar de siempre.Durante la semana que llevaba allí, él había pasado cada uno de los días sentado en esa misma sala. Era uno de los primeros en llegar y se iba con ella. Ella lo había ignorado, esperando que eventualmente se cansara y dejara de venir, pero eso nunca ocurrió. Ethan simplemente se instalaba con su computadora y trabajaba como si estuviera en su propia oficina. A veces desaparecía unos minutos para atender alguna llamada, pero siempre regresaba.Cuando llegaba la hora del almuerzo, guardaba todo y la acompañaba en silencio. La costumbre había comenzado el primer día, cuando él se ofreció a hacerlo. Naomi no había respondido, y aun así él caminó a su lado. Desde entonces, repetía lo mismo cada día. También lo hacía cuando terminaba su jornada de trabajo: la acompañaba en silencio hasta que ella llegaba a su destino y luego se march
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