Naomi despertó y recorrió la habitación con la mirada. Le tomó unos segundos orientarse y recordar lo que había sucedido.Una sonrisa se extendió por sus labios al ver a Ethan sentado en el mismo sillón que había arrastrado junto a la cama porque se negaba a apartarse de su lado. Tenía la computadora sobre las piernas y la mirada fija en la pantalla, completamente concentrado.—Trabajas demasiado para alguien que se supone que está de vacaciones —musitó.Ethan alzó la vista y le sonrió.—Había algunos asuntos que no podía dejar pendientes, pero no pensaba quedarme más tiempo en la oficina por ellos —explicó. Cerró la laptop y la dejó sobre el velador—. ¿Cómo te sientes?—Bastante bien, de hecho. —Miró hacia la ventana entreabierta por las cortinas. Afuera, el cielo se teñía de tonos anaranjados—. ¿Qué hora es?Ethan revisó su reloj de muñeca.—Las seis y media.Naomi se sorprendió. Algunas tardes el cansancio era insoportable y se permitía una siesta, pero normalmente no dormía más de
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