Por Daniel Reed.Decir que no me esperaba que el idiota de Stone estuviera en el almuerzo al que nos invitó mi progenitor sería poco, como diría Emmet, soy demasiado ingenuo pensar bien de ese viejo.Y así era, mientras yo le molía la mano a Andrew y él hacía lo mismo con la mía, mi adorada cuñadita nos sacó del momento incómodo.—Hola, Mucho gusto Capitán Stone— ¡Dios mío! Hanny de verdad que le gustaba hacer pasar malos ratos a las personas. ¿Será eso lo que hizo que el hielo eterno de mi hermano se descongelara?—Coronel—le responde el otro idiota, mascullando entre dientes—, señorita Cicarelli y el gusto es todo mío.Se relame los labios, mientras se dan la mano y yo reviro los ojos, pues ya sé quién está tras de mi con ganas de asesinar a alguien. Aunque, al parecer no fue necesario, porque los ojos de Stone estaban empezando a lagrimear.—General, coronel, capitán, mayor, lo que sea—sin soltar su mano, que se está colocando morada, lo atrae hacia a ella y, por mi parte, alcanzo
Leer más