POV ElaraEl dolor no llegó de golpe. Se anunció primero como una presión baja, profunda, una molestia distinta a todo lo que había sentido antes. Pensé que era cansancio, otra consecuencia más de estos meses largos, de esta tristeza que se había instalado en mi cuerpo como una enfermedad silenciosa. Intenté incorporarme, caminar un poco, respirar como me habían enseñado. Pero entonces llegó otra ola, más fuerte, más clara, innegable.Supe, con una certeza que me atravesó el pecho, que había llegado el momento.Mi cuerpo tembló antes que mi voz. Cuando llamé a Mirenia, apenas pude articular su nombre. Ella entró, me miró el rostro y no necesitó más explicaciones. En cuestión de minutos, la habitación se llenó de movimiento, de pasos rápidos, de voces que hablaban en susurros urgentes.El reino entero parecía contener el aliento.Sentí cómo me cambiaban de ropa, cómo me sostenían los brazos, cómo me guiaban por pasillos que había recorrido tantas veces en silencio. Todo se volvió borro
Ler mais