SamantaHabía pasado una semana desde aquella cita junto al lago y, aunque nada había cambiado de forma evidente, dentro de mí todo se sentía distinto.Marcos y yo hablábamos todos los días. A veces eran conversaciones largas y profundas, pero otras veces eran mensajes simples, fotos de cualquier cosa que hacíamos en el día e incluso él me enviaba pequeños audios cantando alguna canción. De cualquier forma, Marcos estaba ahí, presente, sin exigir, sin presionar, sin invadirme.Y eso era justamente lo que me descolocaba.Sentía cosas. Lo sabía, las sentía en el pecho, en el estómago, en ese impulso involuntario de sonreír cuando veía su nombre en la pantalla, pero me negaba a reconocerlas. No quería hacerlo.No podía.Me repetía una y otra vez que no era correcto, que no podía saltar de una historia a otra, aunque nunca hubiera sido una relación formal con Robert. Aunque en el papel no existiera ningún “nosotros”, mi cuerpo sí había pasado por cosas que no se borraban con facilidad.Aú
Leer más