—¿Secretario Martínez? —Mónica se puso de pie.El recién llegado era Renato Martínez, secretario general del Grupo Castro. Un hombre increíblemente ocupado, quizás incluso más que Eduardo. Cualquier asunto que Eduardo no pudiera atender personalmente, recaía en sus hombros. Su autoridad, por tanto, era indiscutible.¿Acaso la Señora Castro ya había hablado con Eduardo? ¿Y por eso Renato estaba aquí?Sin embargo, las expresiones de los señores Flores no eran nada buenas.Mónica dejó su teléfono y, con una sonrisa en los labios, dijo: —Secretario Martínez, hablemos fuera.Renato entró a la habitación lentamente, arrastrando el frío de la calle. Con su llegada, el aire se volvió tenso, y su actitud ponía una distancia clara que invitaba a nadie a acercarse.¡Plaf!Unas hojas impresas con registros de chat, protegidas por una funda transparente, cayeron sobre una mesa. El contenido era visible de un vistazo.Renato se sentó directamente en el sofá, reclinándose. Su mirada gélida recor
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