—Ven, Olivia —decía Samuel—. Vamos a jugar con el cumpleañero. Olivia asintió, aún apenada, con las mejillas ligeramente sonrojadas. Le costaba hablar con los demás niños, incluso con Samuel y Matías, que eran sus mejores amigos desde que tenía memoria. Samuel, sin embargo, no parecía notar su incomodidad. Le sostenía la mano con total naturalidad, como si fuera lo más lógico del mundo. —¡Los estaba esperando! —Apareció Matías con aires de grandeza—. Olivia, mi cumple es hoy. ¡Felicítame! Matías tomó una postura recta, inflando el pecho como si llevara una medalla invisible. —¡Ya tengo tres años! —anunció, sintiéndose grande. Olivia no pudo evitar reír por su exageración y confianza. Samuel, que estaba a su lado, imitó la postura de Matías con una seriedad exagerada, y eso provocó una nueva ronda de carcajadas entre los niños. —¡Ahora tú, Olivia! —dijo Matías, señalándola—. ¡Tienes que hacer la pose de los tres años! Olivia dudó un segundo… y luego, con una sonri
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