Cuando alguien escuchaba algo que superaba por completo cualquier expectativa, el primer impulso, por el puro impacto, era no creerlo.La mente de Sofía quedó en blanco durante varios segundos. Cuando volvió en sí, seguía muy confundida.—Diego, incluso para acosarme deberías tener límites. ¿Hasta inventar unos niños? ¿No tienes escrúpulos? ¿De verdad crees que te voy a creer? ¡Mentiroso!Diego la miró muy serio durante un buen rato, como si tuviera miedo de que ella siguiera negándolo. Luego sacó un documento.—Míralo.Sofía agarró los papeles y se los tiró a Diego, aguantando la voz.—¿También vas a falsificar documentos para engañarme?Después del divorcio, Sofía había estado alterada, pero nunca había explotado con tan pocas palabras. Sentía una furia que nunca había sentido.Reaccionó así porque, en el fondo, sabía que todo era cierto.Diego detuvo los documentos con la mano, los recogió y los abrió. Delante de Sofía, pasó página por página de la carpeta, donde había ecografías de
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