POV DE ISABELALa luz de los reflectores frente a la estructura inacabada del Proyecto Aurora no se sentía como un triunfo, sino como un interrogatorio público. Habían pasado meses desde que Ethan perdió su licencia , y aunque nuestra casa en el norte se había convertido en un búnker de planos y esperanza, el mundo exterior seguía pidiendo sangre. Me ajusté el abrigo sobre mi vientre, que ya pesaba con la inminencia del tercer trimestre, y sentí la mano de Ethan en mi espalda baja; su toque era firme, una columna de soporte que no necesitaba un título médico para sostener mi mundo.—Estás pálida, Isabela —susurró Ethan cerca de mi oído, ignorando a los fotógrafos que se empujaban tras las vallas de seguridad—. Si te sientes mal, nos vamos ahora mismo. A la mierda la inauguración.—No —respondí, enderezando los hombros—. Si nos vamos, Javier gana. Si nos escondemos, Renata convence al mundo de que sus mentiras son de concreto.Caminamos hacia el podio. Mrs. Miley ya estaba allí, lucien
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