POV DE ETHANEl aire en la sala de conferencias del hospital se sentía eléctrico tras la entrada de Isabela. Verla allí, de pie, desafiando a Renata y al comité de ética con esa carpeta de pruebas sobre donaciones y conflictos de intereses, me devolvió el aliento que sentía perdido. Isabela, que apenas días atrás colapsaba en mis brazos por el dolor y la humillación, ahora era quien dictaba los términos de mi supervivencia profesional.—Isabela, no deberías estar aquí, tu salud... —susurré, tratando de acercarme, pero ella me detuvo con un apretón de manos que contenía una fuerza volcánica.—Ya me cuidaste suficiente, Ethan. Ahora me toca a mí —respondió ella, sin apartar la mirada del Director del hospital.Renata Zamora estaba lívida. Su rostro, siempre una máscara de perfección aristocrática, se estaba agrietando bajo la presión de la evidencia. Sabía que si esos registros de donaciones vinculadas a la auditoría llegaban a la fiscalía, no solo mi carrera estaría en juego, sino el p
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