Rubí lo miró con una mezcla de lástima y desprecio. Continuó, sin frenar:-Elliot, te agradezco sinceramente por lo que hiciste hoy. Si no me hubieras contado la verdad, nunca me habría enterado de tantas cosas: ni del secreto de la familia Maxwell, ni de la enfermedad de Marcus. También creo que, a partir de ahora, no harás nada para dañar a quienes me rodean.Su mirada, que hasta ese momento había sido serena, se tornó fría y tajante.-Pero escucha esto, y escúchalo bien: si alguna vez vuelves a lastimar a alguien cercano a mí, si tan solo les pones un dedo encima... no esperaré a que alguien más haga justicia. Yo misma me encargaré de ti.Sus palabras eran suaves, casi susurradas, pero cargadas de una firmeza helada.A pesar de su rostro delicado, no había rastro de fragilidad en su mirada.Era espeluznante ver cómo alguien tan aparentemente vulnerable podía hablar con tanta determinación.-Soy una mujer, sí. Tal vez no tenga la fuerza física para enfrentarte -dijo con calma-, pero
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