Capítulo — Lo que el Orgullo Apagó En el estudio jurídico Funes & Asociados, Milagros Saavedra revisaba una carpeta de casos mientras su compañera le hablaba, pero su mente estaba en otro lado. Aún podía oler el perfume del auto de Ayden Castell, sentir el temblor de su respiración cuando lo ayudó a salir del vehículo y escuchar esa voz quebrada que le pedía, entre lágrimas, que no dejara morir al perro. —No fue el perro, Ayden… —susurró para sí—. Fuiste vos el que necesitaba salvarse. Esa mañana, cuando vio el accidente, no dudó ni un segundo. Frenó, dejó el auto atravesado en la rambla y corrió. Cuando lo reconoció, el corazón le saltó en el pecho. El mismo chico de los rulos, el que de niños le robaba los juguetes y las sonrisas, estaba frente a ella: herido, pálido, llorando por un animal que ni siquiera había tocado. —Tranquilo —le dijo entonces, tomándole la mano—. Estoy acá, Ayden. Vas a estar bien. Él la miró sin reconocerla. Quizás el golpe, o quizás el tiem
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