"¿Será va a pasar algo malo?", pensó ella.Mientras tanto, Águila, tras realizar esa llamada, regresó a casa del salón de belleza. Habiendo dejado todo listo, como si ya se hubiera liberado de todas sus preocupaciones, se dirigió a la habitación de Mirasol.Mirasol, envuelta apenas en una toalla de baño, abrió la puerta. Al ver a Águila, su expresión se tensó al instante.—¿Águila?—¿Y a quién más esperabas? ¿A Andrés?Las palabras de Águila hicieron que Mirasol palideciera. Sus dedos en el pomo de la puerta se apretaron involuntariamente. Esforzándose por mantener la calma, se hizo a un lado para dejarla pasar.—No sé de qué hablas, pero si tienes algo que decir, mejor hazlo adentro.—No hace falta. Después de todo, la empleada está en su siesta y mi padre no está en casa, exactamente igual que ayer.Águila ignoró su actitud. Su mirada recorrió la toalla de baño húmeda que Mirasol llevaba, y se burló con una sonrisa.—Es cierto, mi padre ya es mayor y no puede darte lo que quieres. No
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