Narrador Omnisciente. Cuando desciende para intercambiar las manos de lugar, no hay titubeo. Giselle siente la presión de sus dedos, una posesión que no pide permiso y que la hace arquearse instintivamente. Él no la toca como si fuera de cristal, sino como quien reconoce un terreno que ha deseado conquistar en silencio. Su respiración, ahora es pesada y rítmica contra el cuello de ella.Al empujar vibra en sus huesos, marcando un compás que ella sigue sin saber cómo logra consumir tanta brusquedad que la sacude en cada choque violento, hasta quedarse quieta. Giselle lo aborda por completo, siendo algo adictivo para él, al sentirlo.No es un movimiento ligero; es una invasión lenta y absoluta que obliga a Giselle a aferrarse a sus hombros con las uñas, buscando un anclaje en medio de esa plenitud que parece sobrepasarla. Gaynor se detiene un segundo con los músculos de su espalda tensos como cuerdas a punto de romperse, dejando que ella asimile la magnitud de su presencia, esa forma d
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