54. Acabas de hacerlo oficial, esposa
Vasya había pasado los últimos días convertida en una sombra de sí misma. Se levantaba y después de asearse se encerraba en la pequeña oficina que Zinoviy le había asignado y trabajaba hasta que le dolían los ojos. Cualquier cosa con tal de no pensar, de no sentirlo cerca.Su cuerpo, sin embargo, era un traidor. Cada vez que escuchaba sus pasos en el pasillo, su pulso se aceleraba. Cada vez que su voz ronca llegaba desde otra habitación, un escalofrío le recorría la espalda. Cada vez que lo veía, aunque fuera de lejos, su piel recordaba el calor de sus manos, el peso de su cuerpo sobre el hielo, la forma en que la había protegido.Por eso lo evitaba con ferocidad. Si él entraba en una sala, ella salía. Si él hablaba, ella respondía con monosílabos y se marchaba. Estaba exhausta, pero prefería el cansancio físico al tormento de mirarlo y sentir que su corazón se rompía cada vez más.Esa tarde cuando llamaron a la puerta de su oficina, ni siquiera levantó la vista del documento que
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