Arthur pasó el resto de la tarde lleno de amargura, pero concentrado en su trabajo, hasta que su móvil sonó y al ver la pantalla se dio cuenta de que era Rebeca.—Estoy ocupado —le responde sin dejar de mirar su laptop.—Mi amor, ¿Qué tienes? En este poco tiempo he aprendido a conocerte.—Estoy cansado, eso es todo.—No quieres compartir conmigo lo que te sucede, tranquilo mi amor. Ya terminé mi labor, ¿pasas por mí y voy por ti para ir a cenar?—Esta noche no, me siento cansado, nos vemos mañana —le cuelga la llamada sin dejar que se despida, lo cual para Rebeca fue una ofensa. Se queda pensativa porque su relación, a pesar de todo, iba excelente.Mientras tanto, Valentina está en su habitación, mirando su laptop, navegando por internet, haciendo lo que hace mucho no hacía: ver información de Arthur, donde en varias fotos de diferentes revistas populares de Nueva York aparece con Rebeca.—No era que no, Arthur, tú no cambias... —susurra cuando la puerta de su habitación se abre de go
Leer más