Mateo apretó los brazos y me envolvió con fuerza. Su barbilla descansó sobre mi cabeza, y la palma de su mano, cálida, recorrió lentamente mi espalda, tranquilizándome.Su abrazo era amplio y seguro, como un refugio que aislaba todo el frío y el caos del exterior, haciendo que mi corazón inquieto se calmara lentamente.Su voz, baja y ronca, llevaba una firmeza incuestionable.—Cuando volvamos, nuestra familia de cinco nunca se separará.Una familia de cinco…Mi corazón tembló ligeramente, atravesado por una emoción profunda.Había incluido también al bebé que llevaba dentro.Un hombre como Mateo, orgulloso, dominante y perfeccionista, que no toleraba imperfecciones… y aun así, por mí, era capaz de ceder a todo y aceptar cada parte de mí.¿Cómo no conmoverse ante alguien así?Me acurruqué contra su cuello, con una punzada amarga creciendo en el pecho.Lo abracé con fuerza, y mi voz salió apagada, con un leve temblor.—Sí… Los cinco… siempre estaremos juntos.Ese breve momento de calidez
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