Era la primera vez que iba al muelle de noche.Siempre le había tenido cierto miedo al agua; incluso de día, mirar el mar me provocaba una opresión en el pecho.Ahora, en plena noche, escuchando el sonido de las olas, esa sensación se volvía aún más pesada, y una inquietud sin motivo empezaba a crecer en mi interior.En el muelle había varias grúas y barcos.A simple vista, parecían bestias gigantes en la oscuridad.Algunas luces de búsqueda, ya viejas, colgaban de las estructuras metálicas, proyectando una luz amarillenta que apenas lograba atravesar la noche, dejando sombras irregulares en el suelo, como si fueran escamas desprendidas de aquellas bestias.El aire estaba cargado con el olor salado del mar, mezclado con óxido, diésel y humedad. Cada respiración resultaba pesada.A lo lejos, el horizonte se fundía con el cielo nocturno, no se distinguía dónde terminaba uno y comenzaba el otro.Solo el viento ocasional, frío y cortante, movía las cajas viejas y las cuerdas amontonadas, p
Leer más