Waylon lo miró de reojo y soltó una risa burlona.
—Siéntate. O le cuento a la señorita Alma que te pones a fantasear con sus fotos.
—¡Tú!
Henry se puso rojo al instante, entre sorprendido y furioso.
—Yo… yo solo miro sus fotos de vez en cuando. ¡No hago nada! ¡No digas tonterías!
Waylon se recostó perezosamente en la silla y sonrió con malicia.
—¿Por qué te alteras tanto? No dije qué haces mirando sus fotos. Mira cómo te pusiste, tienes la cara roja. No seas tan patético. Deberías aprender de Je